No hay salida total de la confrontación de manera pacífica o sin chocar y paradójicamente se suma como tragedia que ahora, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, la mayor escalada será nuclear.
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Escríbenos: @worldanalyticspress_bot “La diversidad en el consejo, la unidad en el mando.” Ciro II, el Grande, de Persia “No hay guerra que evitar; solo puede ser pospuesta en ventaja de otros.” Niccolò Machiavelli “La historia muestra que no hay ejércitos invencibles, y nunca han existido.” Jiósif Stalin “Los objetivos de la operación militar especial se lograrán sin duda.” Vladímir Putin Estoy de acuerdo con el rechazo a la inmediatez y la estúpida acción si perspectiva ni prospectiva, sin capacidad de ver cómo continuarán los hechos una vez se inicien ciertas acciones. Sin embargo, la persistente actitud de sectores diplomáticos, políticos y a veces militares a pensar una y otra vez en negociaciones, evoca el viejo dicho que advierte como locura hacer lo mismo mil veces y esperar resultados diferentes. Cientos de fábulas antiguas y máximas de grandes personajes ratifican lo contrario. La experiencia directa señala que la buena fe, la esperanza en el cambio de comportamiento del enemigo constituyen un desacierto y pone en riesgo la ventaja ganada o el éxito acumulado; pero, ¿por qué sucede esto? Dicho exceso lo entiendo como un abordaje de los conflictos desde una filigrana que no se conduele de un oponente significativamente burdo y tozudo; para el caso actual, occidente y Estados Unidos. Me atrevo a explorar algunas hipótesis, que imagino pueden explicar el proceder de ciertas diplomacias. Hipótesis 1: No nos pareceremos a nuestro enemigo Existe una suerte de distinción moral y excepcional que reconforta. Se practica así una suerte de alta política, diplomacia, estrategia y geopolítica basada en principios morales, como el de no hacer al otro lo que no deseo me hagan a mí. Es claro que las tradiciones diplomáticas expresan diferencias culturales y de roles en el escenario regional y global. Tal principio de distinción les impide igualarse con diplomacias burdas y violentas; parece como un llamado a la igualación con una bestia, pero la mayoría de las veces ésta no entiende si no en sus términos, lo que implica el descender a su nivel. Esta distinción se aprecia en el carácter milenario de países – civilización, como Irán, China o Rusia. Al respecto señalé en un artículo anterior que la historia no es una estructura monolítica, estática y que la predestinación en consecuencia no existe. Ninguna de estas naciones tiene seguro el próximo triunfo ni el eterno brillo de sus culturas, pues de perder su soberanía, el brillo de su talante milenario habrá de registrar un bache y, por ende, un ciclo interrumpido. En el artículo referido, ¿Es tiempo de que Rusia y China escalen a la guerra total? señalaba al final que: … pensar el milenarismo como garantía de triunfo predestinado implicaría una visión determinista, anti materialista y anti dialéctica de la historia. La guerra es connatural a una naturaleza atrasada humana, quizá, o a una forma consecuente y paulatina en donde se decantan las más agudas contradicciones. Allí donde una palabra o un insulto no logran su efecto. Donde la intimidación ya no coacciona. Donde las líneas rojas no son creíbles. Donde el amo y el esclavo están dispuestos a la desaparición por aniquilación. En efecto, al no parecerse estas naciones milenarias a su enemigo actual, Estados Unidos de América, un imperio del malestar global de doscientos cincuenta años este 4 de julio (1776 – 2026), están en riesgo de que le subestimen con base en esta distinción moral. Algo que no se le reconoce a Jiósif Stalin, es que no temió comportarse en los mismos términos duros de sus oponentes más sucios, como lo fueron los nazis, los norteamericanos y los europeos. Pues, ¿en qué consiste en términos prácticos tal moral? Al parecer nunca harán un ataque de falsa bandera, nunca tendrán una iniciativa agresiva sobre el contrincante, sus ataques son como respuesta simétrica a los ataques recibidos, en palabras actuales, son ‘ataques de represalia’ o retaliación. Pueden ser mermados en su población civil e infraestructura, pero nunca atacarán civiles ni infraestructura hospitalaria, a diferencia de sionistas, ucranianos u occidentales. Y bueno con esto no quiero señalar que puedan o deban incurrir en prácticas como violaciones, tortura, trata de órganos o de personas y de infantes, tal cual lo hace Ucrania y el sionismo, hechos documentados. Con las prácticas vejatorias apuntadas, como la tortura, no se gana una guerra, solo se crea resentimiento y se pavimenta la venganza y el terrorismo futuros. Mi hipótesis se dirige más a acciones dentro de la confrontación militar, política, cultural y económica, no sólo como reciprocidad, sino como iniciativa; acciones para ganar, incomodar al rival. En todo caso hay que preguntarse, quizá la respuesta más corta sea la de un realista internacional, acerca de: ¿qué papel juegan la ética, la moral y los valores universales en la defensa ante oponentes? ¿se avista acaso una dimensión ética o moral en textos como El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo o en El Arte de la Guerra, de Zung Zu? Hipótesis 2: Hay tiempo y el tiempo nos dará la razón De nuevo, el prestigio milenario como sentencia monolítica, el determinismo histórico, (triunfaré porque soy legendario y tu no) la paciencia estratégica, la disuasión metódica, el agotamiento de los recursos del enemigo mediante guerra prolongada, todo esto se cierra con la sentencia del tiempo dando la razón. El propio Zung Zu, en el capítulo 2, Sobre la conducción de la guerra, señala que, “No hay ejemplo de país que se haya beneficiado de una guerra prolongada”. Esto implica que prolongar una guerra da chance al enemigo de remontarla a su favor o en su defecto de tener más bajas el propio ejército, llegando a victorias pírricas. La confianza en el tiempo requiere en sí de un exhaustivo y asertivo balance de las prospectivas sobre los hechos. Acto que implica un análisis multinivel, que seguramente las I.A. avanzadas pueden apoyar (simulaciones de batallas o eventos con base en información real de las capacidades de los participantes) y esto implica ver la historia como una ecuación matemática, medible, mensurable. Los conflictos son guerras cada vez más complejas al incorporar más tecnologías, pero en esencia determinadas por la economía, la capacidad militar, la industria civil y militar, el acceso a recursos y energía, la unidad nacional y/o cultural, la memoria y la identidad como plataforma de sentido para luchar. Demasiado tiempo puede desgastar alguna o varias de estas y en mi concepto la más peligrosa es la unidad nacional y su articulación mediante la memoria. En la Federación de Rusia cada vez se aprecian más voces de expertos o no, gente de a pie, que se inquieta ante la metodología del gobierno que obra bajo el principio no de iniciativa sobre el enemigo sino de ataque de represalia a golpe recibido y bajo la certeza de una inexorable victoria, que es en sí cuestión de tiempo. El presidente Putin al hablar con militares les dice que no se pongan tiempos de ejecución sino metas por lograr, no importando el tiempo que tomen. En Irán puede pasar lo mismo. El pueblo que obra como voluntad suprema en la voz de los demagogos de todos los tiempos, respalda a sus fuerzas armadas y a su cúpula diplomática. Se sienten orgullosos del milenarismo que les precede. Pero esta energía popular de perderla la cúpula iraní por su soberbia y confianza en el tiempo, le creará, como a Rusia y como ya le pasa a Estados Unidos, -por otros motivos, pero también por una pérdida de confianza en el Estado- una desestabilización interna. Rusia, ha asumido una guerra de desgaste que, en abril, el presidente Vladímir Putin la volvió a señalar como la única ruta y donde el triunfo es incuestionable. Irán se ufana de su diplomacia de alto nivel, del incuestionable nivel intelectual y profesional de su Staff diplomático, político y militar y se entrega a una pausa en la guerra entrando en la dinámica de desgastar a la primera o segunda potencia económica y militar del planeta. Léase bien. Desgastar a una potencia. Aunque evidentemente concuerdo con la misión histórica de la URSS y de sus herederos, así como del anti sionismo de Irán, las ideas planteadas por el ex Subsecretario del Tesoro para Política Económica durante la administración de Ronald Reagan, Paul Craig Roberts, el periodista y analista australiano, John Helman y de Sergey Karaganov, presidente honorario del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia y supervisor académico de la Escuela de Economía Internacional y Asuntos Exteriores de la Escuela Superior de Economía (HSE) de Moscú, me parecen consistentes en los siguientes sentidos: Las ideas anteriores implican una visión de la temporalidad diferente para cada situación y en el momento adecuado, según una lectura contextual y del terreno. No se habla de precipitada, inmeditada o carente de prospectiva. Se trata de ajustar velocidades en aras de un bien mayor: evitar la escalada hasta el umbral nuclear. Hipótesis 3: La racionalidad subordina a la irracionalidad No es sólo creer o no en Donald Trump o verlo como un tipo desequilibrado cognitiva y mentalmente. Es creer en la racionalidad del imperialismo, del capitalismo y de la hegemonía. ¿Podría comprenderse como racional que alguien considere a su nación o su etnia hegemónica, dominante o excepcional? ¿Cómo se articula esto con las Carta de la Naciones Unidas? ¿Acaso los BRICS+ no son la puesta en escena por esta corrección a la irracionalidad hegemónica, mediante principios multilaterales y horizontales? No todos los actores son racionales por tener una motivación particular. Ésta, no implica que sea racional. La dominación es una actitud de la voluntad de poder que choca y es contenida o puesta a prueba. La dominación como idea es irracional, pulsional y violenta. La irracionalidad no se subordina sólo en el discurso a los racional. Lo racional puede exponerlo; por ejemplo, las decenas de veces que Trump ha mentido. Se puede exponer su falacia. Pero la irracionalidad diplomática y en cuanto acción política, económica o militar es incontenible desde hechos racionales. Por ejemplo, señalar que EE.UU. violó la Carta de Naciones Unidas o que la agresión a Irán o Palestina constituye crímenes de guerra. Nada de eso le importa a EE.UU.; de hecho, el criterio o doctrina del nuevo ministro de defensa estadounidense, señala que todo se hará por la fuerza. Nada de contención o apaciguamiento. Nada de ‘orden basado en reglas’; Naciones Unidas, no se acatará. ¿Acaso la ONU no es la expresión y prolongación más evidente de la racionalidad occidental y que evoca los derechos del hombre y el ciudadano, fruto de la Revolución francesa y la Ilustración? Pues esa síntesis de la civilización occidental, es negada por EE.UU. ahora más abiertamente, pero desde siempre esquivada con veto en las votaciones o mediante coacción a las naciones en votaciones, también contra Rusia e Irán. En ese sentido, el fascismo y el sionismo son los interlocutores menos racionales. Su voluntad de poder, de ‘Yo quiero’ es completamente volitivo, persistente, kamikaze, irreflexivo, suicida. Tanto Israel como EE.UU. u occidente, pueden usar armas nucleares de persistir su derrota o victoria no tan clara. Si los rusos han dicho que no les interesa un mundo sin Rusia, a los occidentales fascistas y sionistas tampoco les interesa un mundo donde ellos no dominen. Ante actores así, Buenaventura Durruti, líder anarquista español, señaló que, “Con el fascismo no se discute, se le destruye”. A su vez, Sandro Pertini, quien fue presidente de Italia (1978-1985) y antifascista socialista de relevancia excelsa, indicó, “Todas las ideas hay que respetarlas, el fascismo, no. El fascismo no es una idea, es la muerte de todas las ideas”. ¿Por qué Rusia, China e Irán, siguen negociando con el occidente y con EE.UU.? ¿Por qué creen en la buena fe de tan nefasto actor dominante? ¿Planean, están de acuerdo en la necesidad de derrota de estos fascistas sionistas? Está claro que para este momento la posición de fuerza de EE.UU. no es de talante hegemónico. Es el eco de sus glorias pasadas y su proyección de poder económico y militar en declive. ¿Por qué no se han creado frentes comunes explícitos contra los estadounidenses? ¿Lo es BRICS+? ¿Por qué se mantiene una política tan racional y sofisticada con quien en definitiva se chocará? El propio presidente Putin ha señalado en varias entrevistas que, cuando se sabe que la pelea es inevitable, se debe golpear primero. ¿Ya no hay pelea, no habrá golpes o ya se golpeó? Hipótesis 4: No necesito cambiar lo que está funcionando En últimas, pueden pensar los países aquí citados como pacientes y confiados en la buena fe del enemigo occidental, que no deben hacer más de lo que en el terreno el enemigo planteó como metas y no las ha conseguido. ¿Dejar que el enemigo se siga equivocando? En tal sentido, Estados Unidos ni occidente, han logrado la derrota estratégica sobre Rusia. no han logrado aislarlo, anularlo económica, cultural, deportiva, comunicacional, científica o militarmente. Por el contrario, la acercó más a su enemigo principal, China y aceleró la desdolarización y el crecimiento del BRICS+, del que también es socio Irán. A Irán, no le han cambiado su cúpula teocrática y por el contrario tienen una más beligerante. Tampoco lograron diezmar su capacidad nuclear, militar, misilística y ahora logra imponer, quizá para siempre, un peaje de tránsito en el Estrecho de Ormuz. Esto no implica que ambas naciones no hayan sufrido las calamidades de la guerra, cada una en su dimensión propia, pero a la vez ambas naciones han emergido más potentes, al menos por ahora así se aprecian. Las dos reciben buenos dividendos por las razones económicas y fabriles y comerciales derivadas de la economía de guerra. Pero esto no deja de ser una táctica defensiva, en donde se espera el acumulado de errores estructurales derriben o cansen al adversario o una nueva élite en el poder adopte la transición a la multipolaridad de manera ‘amable’. Quizá no tiene nada que ver la fe en el adversario, sino el confort de las circunstancias asumidas en el movedizo presente. Es mejor una mala paz en medio de la guerra, que una guerra total escalada a nuclear; es de nuevo, la responsabilidad del actor racional sobre el irracional. Lo clave, como he referido en otros artículos, es que vivimos una guerra intra clasista, intra élite, sin contradicciones antagónicas, no una lucha entre clases, modelos de bienestar o mundo. Se trata de si uno o muchos concurren a administrar el mismo mundo, el capitalista. En consecuencia, no hay salida total de la confrontación de manera pacífica o sin chocar y paradójicamente se suma como tragedia que ahora, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, la mayor escalada será nuclear; algo que las cuatro hipótesis planteadas están dispuestas a evitar.

