La nueva realidad de la guerra se enmarca dentro de la lógica de no poder ganar ni ser derrotado y buscar un triunfo perdiendo.
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Escríbenos: @worldanalyticspress_bot Si vencemos a los romanos en otra batalla como ésta, perecemos sin remedio. Pirro de Epiro (rey griego, s. III a.C.) Dicha tras la batalla de Ásculo (279 a.C.), donde ganó militarmente, aunque perdió tantos hombres irreemplazables que la “victoria” lo arruinó. Verdaderamente, los dioses no han concedido todo al mismo hombre: sabes vencer, Aníbal; pero no sabes aprovechar la victoria. Maharbal -comandante de la caballería de Aníbal- Frase recogida por Tito Livio en Historia de Roma desde su fundación, Libro XXII, capítulo 51. La guerra en Ucrania cumple ya un poco más de cuatro años y medio. Se ha escrito de todo. Entusiastas de parte y parte defienden el triunfo de su trinchera. Seguidores de cada bando cuestionan métodos, tiempos y estrategias de su orilla. No faltan los desilusionados que cansados de no ver fin a la guerra se pasan ‘críticamente’ al bando contrario o al menos a una orilla escéptica. He cuestionado como amigo del lado ruso, y habitante nativo del Sur Global, el supuesto inexorable y mecanicista derecho al triunfo que tienen las civilizaciones milenarias. Tal valoración es antidialéctica y peligrosa, pues si siempre he triunfado, poco importa lo que haga mi enemigo, yo prevaleceré. Es el mismo vicio excepcionalista de los estadounidenses, éstos con menos argumentos y años a su favor. Sobre esto reflexioné en el artículo, Cuatro hipótesis acerca del comportamiento de Rusia e Irán en sus conflictos. El lado occidental gana la contienda sólo en el campo comunicacional y es a este campo al cual le temen Rusia e Irán, pues no tienen cómo posicionar de manera global su mensaje y su realidad. Y aunque hay más verdad en cada bala y posicionamiento en el terreno real y la economía real, hay suficiente fuerza de contención mediante la desinformación, sobre todo cuando la propia élite occidental cree en ella y viola el principio gansteril por excelencia: ‘NO consumas de lo que vendes’. La primera cita de este artículo de opinión queda perfecta al vendepatria de Zelensky. Líder ilegítimo a dos años de no convocar elecciones. Pues si cree que va ganando -lo cual es falso- el supuesto triunfo hoy, 24 de agosto que celebra Ucrania su separación de la URSS, consiste en haber perdido más del 50% de población desde 1991 y entre ellos al menos dos millones de hombres en el campo de batalla, bajo la lógica occidental de: ‘hasta el último ucraniano’. También ha perdido la salida de su mercado al Mar Negro y toda su cosecha de grano. Odessa está cerrada casi en su totalidad para Ucrania. La segunda cita aplica a la parte rusa y está en suspenso hasta el día final y su esperado triunfo y por lo mismo tengo varias inquietudes que me es imposible responder. Por un lado: ¿Rusia venderá gas a precios anteriores a la voladura del gaseoducto Nord Stream a Alemania y Europa? Eso no es claro, si habrá una nueva realidad. ¿Impondrá a occidente y Ucrania un juicio de Nuremberg II? ¿Está dentro de sus posibilidades reales la desnazificación de Ucrania o quedará inconclusa la tarea? ¿Aleccionará suficientemente a occidente como para que no vuelva a desestabilizarla por décadas o siglos? ¿Habrá ganado una independencia total y soberana de occidente para entregarse a un interdependencia asimétrica y desfavorable con China? ¿Entiende la dirigencia rusa que debe exterminar cualquier atisbo de posible insurrección en Ucrania, lo que implica reducirla a un Estado disfuncional, crítico, atrasado e inhabilitado para pertenecer a cualquier organización europea u occidental, sean los boys scouts, las hermanitas de la caridad o la Unión Europea? Claro, es importante que la disfuncionalidad no fuera una asfixia total. ¿Endurecerá las penas al mercenarismo, que expresa lo más siniestro del sentir de sus enemigos? Finalmente, ¿logrará una nueva arquitectura de seguridad paneuropea y global, como cierre final del conflicto actual contra más de 54 países liderados por EE.UU.- OTAN? Estas preguntas quieren indicar que el jefe de las fuerzas armadas de toda Rusia Vladímir Vladimirovich Putin, se encuentra ante riesgos de llegar a las barbas de Roma y no obrar completamente en provecho de los objetivos de la OME. He imaginado desde hace un par de años, que el presidente Putin se encuentra en un estatus que le pone a la altura y reto de las circunstancias que hicieron grande a Rusia: los reinados de Pedro, Catalina y el gobierno de Stalin. Su legado depende de esta guerra que implica un cambio de época y es una época de cambio. La nueva realidad de la guerra se enmarca dentro de la lógica de no poder ganar ni ser derrotado y buscar un triunfo perdiendo, con el riesgo de que las partes no encuentren los objetivos plenos que los llevó a la guerra, por dos factores en mi concepto centrales: es una guerra donde la sofisticación tecnológica ha cambiado la geografía y el escenario clásico en los cuales se desarrollaban los conflictos (vanguardia – retaguardia) y por otro lado, no es una guerra entre ideologías, formas de comprender el mundo opuestas de manera claramente antagónica, como he analizado en otros artículos. Nada de esto implica que yo considere que el conflicto está congelado o estancado. Paso a desarrollar las dos ideas. La sofisticación tecnológica ha cambiado la guerra convencional para siempre La tecnología y el salto tecnológico en las guerras de alta intensidad lo son todo. Y ayudan a la comprensión, para el análisis propuesto, de la forma en que puede dirimirse el dilema acerca de querer ganar y no poder, o si hacerlo y de qué manera. Se encuentran los mandos militares de potencias y potencias en declive observando, experimentando y aprendiendo con el dolor del pueblo eslavo ruso-ucraniano. Y en medio de tales prácticas se vio el cambio en la composición del frente de batalla y las formas de usarlo y transitarlo debido a la tecnología de drones. En la Gran Guerra Europea (1914 – 1945), partida en dos, primera y segunda guerras, hubo innovaciones o inventos sobre la marcha que cambiaron la guerra. Así, en la primera guerra apareció la ametralladora, los tanques, ataques químicos, los aviones que no sólo bombardean, sino que hacen cartografías del campo de batalla. En tal sentido se desarrolló más la tecnología de lentes y cámaras, exposición de películas fotográficas a condiciones de temperatura, etc. En la segunda guerra, el radar, los misiles de crucero, el sonar, el fusil de asalto, los porta aviones y la bomba atómica, sobresalen a la vez que técnicas en medicina -claro está esto en ambas guerras- fueron saltos clave para la infantería y su posterior aplicación a la vida civil. No hay que omitir los ensayos crueles con humanos en campos de concentración nazis y japoneses, intentando lograr avances o armas letales para el enemigo. Así, entre 2022 – 2026 la tecnología de drones está ligada a otros desarrollos acumulados, como lo son la nanotecnología, el desarrollo de nuevas aplicaciones y procesamiento de materiales, más ligeros, resistentes o conductores más eficientes de energía. El desarrollo de la cibernética, la tecnología satelital, la llamada inteligencia artificial, han hecho que se cambie por completo la realidad en el frente y, sobre todo, que la experimentación con perfeccionamientos constantes pone sobre la mesa la competencia entre complejos militares industriales que debido a la cotidianidad de los combates prácticamente han debido trasladar sus talleres en cierto modo a la retaguardia. La cartografía que delinee el campo de batalla entre quién avanza o quién gana terreno y se posiciona se hace imprecisa aún para el propio soldado hasta no lograrse una consolidación efectiva que suele bautizarse izando una bandera. Las zonas grises sin reclamo de bando ganador pueden ser de más de 10 o 20 kilómetros en donde se está expuesto a drones de vigilancia y ataque; lo que ha hecho que la movilidad de tropas sea en cuadrillas y la aparición de tanques una rareza, salvo cuando existan zonas muy controladas. El próximo salto tecnológico puede poner al proxy ucraniano o a los rusos a la vanguardia hasta que surja una innovación del contrario urgida por la necesidad de contramedidas. La capacidad industrial tanto en tecnología de drones como otros sectores bélicos se pone a prueba y la tendencia es a calificar no sin razones al complejo industrial ruso como mejor capacitado para una guerra de larga duración, tal cual la ha planteado el presidente Putin y la cúpula rusa de seguridad y militar. Es clave a la vez tener presente que el invento, la novedad nuclear aparecida en 1945 es la sombra que eclipsa cualquier innovación. No hay contramedida para un ataque nuclear más que hacer igual o mayor daño a la contraparte con un ataque nuclear recíproco. Los desarrollos en drones y guerra convencional son como una fase ‘amable’ de guerra que no tendrá lugar al darse una confrontación abierta entre los bandos sin proxys. Lo dijo el propio presidente Putin (Sitio oficial de la presidencia de Rusia texto completo): No tenemos intención de ir a la guerra contra Europa. Lo he dicho cien veces. Pero si Europa quiere declararnos la guerra y de repente empieza una guerra con nosotros, estamos preparados. Que no quepa duda. La única incógnita es si Europa de repente empieza una guerra contra nosotros, creo que muy pronto… Europa no es Ucrania. En Ucrania actuamos con precisión quirúrgica. ¿Entienden a lo que me refiero? No es una guerra en el sentido directo y moderno de la palabra. Si Europa de repente decide ir a la guerra contra nosotros y realmente lo lleva a cabo, entonces podría surgir muy rápidamente una situación en la que nos quedaríamos sin nadie con quien negociar. No es una guerra entre ideologías diametralmente opuestas La confrontación entre Rusia y el llamado Occidente Colectivo -OC- no es una lucha entre formas de concebir al mundo tan distintas. Tienen claras diferencias culturales respecto a las modas LGBTI+Q, cambios de sexo, cambios de identidad por el de un animal o cosa y la pérdida de valores como la familia integrada por padre, madre e hijos que asumió el OC y que se rechaza en Rusia. Hay diferencia desde el ala rusa acerca de cómo relacionarse con otras naciones desde una perspectiva multi lateral, abierta, deliberante y entre iguales más allá de las asimetrías, mientras el OC es abiertamente vertical, colonialista y alevosamente oportunista desde el provecho de su asimetría favorable. Sin embargo, el fin del equilibrio del poder que el propio Vladímir V. Putin señaló como la peor tragedia geopolítica: la caída de la URSS a manos de Boris Yeltsin y Mijaíl Gorbachov, con el robo de las elecciones donde ganó la idea de que continuara perfeccionándose el sistema socialista, puso fin a la única propuesta en verdad antagónica al régimen capitalista de producción actual: el socialismo como transición al comunismo. ¿Cuál es la novedad de la Rusia actual? No hay. Se sostiene en los brazos de la potente industrialización y construcción de una cultura propia acuñada con fuerza, sacrificio, seguramente con exceso a veces de temperamento, pero que repito, ganó el referéndum (77,85 a favor contra 22.15% en contra y 1,86% en blanco) del 17 de marzo de 1991 como opción de continuación del socialismo al responder a la pregunta: ¿Considera usted necesario preservar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como una federación renovada de repúblicas soberanas iguales, en la que se garanticen plenamente los derechos y libertades de la persona de cualquier nacionalidad? En la actualidad no se enfrentan posiciones abiertamente más propensas al Estado que al mercado, en donde conceptos como clase social, enajenación, propiedad colectiva sean parte de la polémica. Rusia quizá va de regreso al capitalismo germinal del zarismo donde había propietarios, castas y linajes. El propio Vladímir Putin en entrevista con Oliver Stone aclaró a éste que su llegada al gobierno no detuvo la privatización, “sólo quise hacerla más equitativa, más justa. Hice todo lo posible para que no se vendieran las propiedades del Estado”. Reguló la participación del sector privado y puso fin al desmembramiento de los sectores estratégicos para la nación, como defensa, agricultura y energía. En el Estado ruso ya se ven críticas y alertas acerca de la privatización -para citar un ejemplo- de la educación; lo que pondría en desventaja a Rusia frente a China de concretase. Esto se aprecia en la entrevista a Evgeny Spitsyn: ¿Despedirán a todos los profesores? ¿Hay una catástrofe en la educación? Un proyecto de los quintacolumnistas prooccidentales que desean acabar con la función del maestro y presentar una reforma educativa retardataria. Los logros actuales derivan de la era soviética, que ésta no sólo sigue viva, sino que es la llama que insufla vigor a los triunfos actuales de la propia Operación Militar Especial OME. La bandera tricolor: blanco, azul y rojo se ve frecuentemente acompañada de la bandera roja con la hoz y el martillo de la Unión Soviética al liberar algún poblado o ser recibidas las tropas rusas en las zonas rurales de los óblast liberados de raigambre rusa.} Quienes llevaban un cuadro a la marcha del 9 de mayo recordando a un abuelo o padre, recordaban a un socialista soviético que luchó contra el nazismo y ahora, luego del 24 de febrero de 2022, los jóvenes rusos van a la guerra contra los nazis y recuerdan a sus abuelos soviéticos. Esto es un triunfo que le dio el OC a Rusia. les reafirmó la memoria del enemigo, les dio otro sentido de unidad, mientras la propia Europa es un collage de identidades basadas en el género y salpicadas de nacionalismo. El principio de distinción es claro. No es la Rusia zarista ni la Rusia postsoviética la que se vislumbra en total esplendor en el campo de batalla: es la Rusia heredera y contenida en la herencia soviética. ‘No acaba de morir lo viejo ni termina de nacer lo nuevo’. Las élites rusas y su aparato estatal se encuentran en pleno desarrollo de una transición que inició Vladímir V. Putin hace veintisiete años y no piensan degradar sus logros como economía emergente en una guerra abierta. No marcharán hacia lugar alguno que los ponga en la precariedad y la humillación de finales del siglo XX. Lo anterior lo confirma la famosa frase de los años 90’s rusos y dicha por el propio presidente Putin, el 5 de mayo de 2005: Sabéis, entre nosotros se dice: quien no lamenta el derrumbe de la Unión Soviética no tiene corazón, y quien lo lamenta no tiene cabeza. Claro, famosa y cierta para ese 22.15% que votó en contra de preservar a la URSS y su Estado de Bienestar, perfeccionándolo. En eso consistían en verdad la Perestroika y la Glasnost. Es claro que la Rusia actual es competente, pero dista de ser la gran potencia que fue la URSS. Además, no es la enemiga ideológica del capitalismo occidental sino su correlato, ambas fomentan la propiedad privada, pero a diferentes escalas; en lo que puede ironizarse como un capitalismo con rostro humano en Rusia, quizá. El presidente Putin tendió los brazos al OC varias veces, también como Stalin, Gorbachov y Yeltsin propuso ingreso a la OTAN. La Rusia, ‘con cerebro’ ingresó al mundo feliz de la OMC para verse ahora robado y sancionado con más de 29 mil sanciones y 300 mil millones de dólares ‘incautados’. El OC por su parte es su mismo proceso histórico desde siempre. No hay una segunda edición del capitalismo ni la restauración del capitalismo, como proceso histórico tal cual pasó en Rusia. El OC es el capitalismo lineal y adaptativo. En ese sentido, las apuestas de la guerra se expresan a través del infernal proxy ucraniano, en el cual Rusia sabe que es atacado por OC, pero mira hacia un lado y corre las líneas rojas bajo el inexorable: Rusia prevalecerá, como certeza de su cariz milenario. Por su parte el OC sabe que su proxy va perdiendo, que su economía se está resquebrajando, así como su industria y por ende su competitividad ante China y con la pesadilla de acuerdos von der Leyen – Trump de 2025 a cuestas. En síntesis, una vez más las élites del OC pese a tener centenarios odios anti rusos no se lanzan completamente contra Rusia, ni tienen la fuerza militar y económica para ello, tras haber forjado su ‘gloria’ bajo el pillaje y el parasitismo durante más de quinientos años de explotación de sus colonias. Por eso desde que lo dijo el primer ministro británico Boris Johnson al lado del fantoche de Zelensky, así ha sido hasta hoy: ‘lucharán hasta el último ucraniano’ y con cientos de miles de mercenarios, claro está. Al parecer, tanto los rusos como el OC, los unos y los otros quieren vencer a un demonio sin sufrir significativamente más que rasguños. Así no se luchó por Leningrado ni por Moscú. En esto consiste la guerra prolongada -más que de desgaste- que ambas partes han decidido entablar. Han convenido en vencerse dentro de una guerra convencional, aunque con la latencia de acciones nucleares como última instancia. Mientras, analistas exmilitares, diplomáticos, exagentes de inteligencia, académicos, YouTubers, activistas y demás concurrentes como espectadores de la guerra sentencian sobre sus bandos, se frustran o enojan por los resultados de la guerra, resignifican para justificar las acciones de sus bandos o simplifican señalando estancamiento del conflicto o un triunfo ruso en extensión territorial sin logros de lo objetivos de la OME, tal cual señala el historiador Gilbert Doctorow. En resumen, con cambios en la tecnología, como ha sido en todas las grandes guerras y ahora con incentivos ideológicos menos radicales como los dados entre capitalismo – comunismo o comunismo – fascismo (los europeos actuales apoyan al nazismo, mientras niegan sus esvásticas) la actual guerra se desenvuelve a favor en el campo de batalla para Rusia sin estar claro si todos sus objetivos serán cumplidos y sin definirse el costo – beneficio que para el OC tendrá el 360° de sus resultados. Ninguno de los dos bandos tiene toda la fuerza que desearía. Ambos están amarrados a condiciones estructurales de sus economías, sus políticas y del peso inexorable de la historia que les dice: esto sólo acabará en mis términos dialécticos, no irán por ahora a ningún lado.

