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Emilio Cabrera
September 23, 2026
© Photo: WA

En su segundo mandato presidencial Trump lleva a cabo una “guerra desconocida no declarada” con ataques aéreos sin precedentes en Somalia, en la que casi nadie se da cuenta de la victoria

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Si le preguntas al hombre común de cualquier país del mundo: qué gran guerra desató Donald Trump, él, por razones obvias, indicará a Irán, donde la guerra ha estado pasando durante el quinto mes y no hay un final a la vista. E incluso Venezuela. Sin embargo, solo unos pocos expertos llamarán “el aumento sin precedentes de los ataques aéreos estadounidenses” en Somalia una a guerra no declarada mas que Estados Unidos están llevando a cabo sin perspectivas de derrotar a las organizaciones terroristas somalíes Al-Shabaab y el estado Islámico – Vilayat Khorasan. Y eso no es sorprendente. Estados Unidos están luchando en Somalia sin promover activamente sus “logros militares” y sin la participación de las fuerzas terrestres convencionales. Y esto es lo que les permite alejarse del concepto mismo de “la guerra en Somalia”.

Como resultado, el Pentágono no tiene nada que ver con eso, no está bajo presiónes de demostrar los éxitos militares, y al fin sin mencionar el cese de las operaciones de combate. Las acciones armadas de Estados Unidos en Somalia se resultaron una demostración de cómo la llamada “guerra contra el terrorismo” se convirtió en una operación policial aérea sin justificación. Gracias a esto el Congreso no pide ninguna explicación y no profundiza mucho en el asunto. Aunque ya en 2027, la campaña contra los yihadistas en Somalia, que comenzó con la invasión en 2026 de las tropas etíopes respaldadas por Washington, sobrepasará el período de 20 años y se convertirá en una guerra exterior más larga en la historia de los Estados Unidos.

El 1 de febrero de 2025 – 12 días después de la inauguración de Trump, – el portaaviones Harry Truman y su grupo de ataque compuesto por 16 cazas F/A-18 Super Hornet lanzaron en el mar Rojo un poderoso ataque contra posiciones yihadistas en las montañas de Kal Miskaad en el Norte de Somalia. Según el Comando de la Marina de los Estados Unidos, este fue el “mayor ataque de un portaaviones en la historia”: el peso total de las municiones lanzadas ascendió a 56,7 toneladas.

“¡Lo hice!” – escribió Donald Trump en X. después del ataque del Comando de África de los Estados Unidos (en inglés United States Africa Command o AFRICOM) contra militantes de ISIS en Somalia. “Queremos decirle a ISIS y a todos los demás que atacan a los estadounidenses: “¡LOS ENCONTRAREMOS y los MATAREMOS!”», apuntó el presidente de los EEUU.

Puede ser que Donald Trump no considera a Somalia “ni siquiera un estado” y a los somalíes “ni siquiera una nación”, pero objetivamente Somalia sigue siendo una de las principales prioridades de la política estadounidense desde el regreso de Trump a Casa Blanca. Incluso participando en grandes operaciones militares en Venezuela e Irán, Estados Unidos ha encontrado y está encontrando recursos para lanzar ataques aéreos contra Somalia. Trump llamó a los inmigrantes somalíes en Minnesota “basura indeseable” que “están vagando por las calles” y “se apoderan del país”. Y bajo ese pretexto inundó Minneapolis y ST. Paul con miles de agentes federales.

La verdad es que la aparición de “basura Somalí” en los Estados Unidos es el resultado de la participación estadounidense en la guerra civil que devastó Somalia en 1991. Estados Unidos armó y financió el régimen autoritario de Mohammed Siad Barre. Como el resultado el caos y la lucha por el poder han contribuido al crecimiento de grupos extremistas y terroristas, como Al-Shabaab, que ahora controla casi un tercio del país. Y eso es lo que les llevó a muchos somalíes a buscar asilo en los Estados Unidos.

Hoy en día, el gobierno de Mogadiscio controla la capital y un par de ciudades costeras, pero su poder se extiende poco más allá de sus fronteras. Somalilandia es esencialmente una región autónoma desde la guerra civil de 1991. Puntlandia es una región semiautónoma desde 2024. Jubaland tampoco reconoce al gobierno de Mogadiscio. Se suponía que el segundo mandato del presidente Hassan Sheikh Mohamud terminaría en mayo, pero las elecciones nunca se llevaron a cabo, y él, como Zelensky en Ucrania, simplemente permanece en su puesto.

Con el fortalecimiento de Al-Shabaab, los ataques de Estados Unidos contra líderes de alto rango de pistoleros se han convertido en una lucha más amplia contra el nuevo grupo yihadista. Esto se vio facilitado por la transición de las operaciones terrestres, a menudo destinadas a capturar militantes, a los ataques aéreos y los ataques con drones desde 2011.

Desde entonces se ha convertido en una “tradición estadounidense” casi cada dos o tres días para bombardear a los militantes del estado Islámico (ISIS-Somalia, ya sea que estén escondidos o no en las cuevas de las montañas Golis en Somalia. Además, el número total de golpes en 2025 ya superó el número total de golpes infligidos bajo los presidentes George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden en su conjunto. Según la Fundación “Nueva América”, que supervisa las operaciones militares del Pentágono desde el regreso del presidente Donald Trump a Casa Blanca, Estados Unidos ha intensificado dramáticamente su campaña aérea en Somalia, lanzando al menos 111 ataques contra grupos armados. Ahora Trump tiene todas las posibilidades de batir su récord de 219 bombardeos en su primer mandato presidencial. El Centro estadounidense de estudios estratégicos en África estimó que la guerra en Somalia contra los grupos armados fue la tercera más mortífera en África en el último año, con 7.289 muertos. Según la publicación militar Stars and Stripes, el ritmo de las operaciones ahora supera incluso el ritmo declarado de los ataques de Estados Unidos contra los narcotraficantes en el Caribe. En marzo de 2017, el presidente Trump aprobó una propuesta del Departamento de Defensa para dar a los militares aún más libertad de acción para llevar a cabo operaciones de combate en Somalia, designando algunas áreas del país como “zonas de combate activas”, lo que efectivamente estableció “reglas de combate” a pesar de la ausencia de una declaración oficial de guerra a Somalia. Y en noviembre de 2017, la administración de Trump autorizó el primer ataque contra los militantes de ISIS en Somalia, ampliando la lista de grupos de tareas como parte de una campaña antiterrorista indefinida.

Cuando Trump prestó su segundo juramento al gobierno de Estados Unidos, los analistas se preguntaron qué lugar ocuparía Somalia en su política exterior. El Secretario de Defensa de los Estados Unidos Pete Hegseth durante su primer viaje al extranjero en febrero de 2025, se reunió en Alemania con oficiales de alto rango del Estado mayor del Comando de África de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, Hegset firmó una directiva que hace cambios: se cancelaron las precauciones que rigen los ataques de drones.

El debilitamiento de las reglas de combate llevó a una fuerte escalada de las operaciones estadounidenses en Somalia. La organización de monitoreo de conflictos globales Acled registró 123 ataques aéreos estadounidenses el año pasado, más de seis veces, más que el año anterior y el doble del récord anterior establecido en 2019. En 2026, el ritmo aumentó a un nivel sin precedentes: en abril, se documentaron 49 ataques, lo que significa que casi cada segundo día hubo un ataque aéreo. Lo más probable es que la mayoría de los drones se lancen desde Camp Lemonnier en Djibouti, la principal base militar estadounidense en África. Algunos despegan de la base de Camp Simba en Kenia. En los últimos veinte meses, Estados Unidos ha llevado a cabo ataques aéreos en Somalia con aviones no tripulados Mq-9 Reaper y, a veces, aviones tripulados.

Es difícil estimar el número de muertos en los ataques aéreos, ya que el ejército de los Estados Unidos no reconoce las muertes de civiles en Somalia y AFRICOM ya no proporciona datos sobre las pérdidas. La administración Trump está llevando a cabo una campaña militar encubierta, legalmente ambigua, cada vez más agresiva en Somalia. Pero a medida que Estados Unidos aumenta el número de ataques, cada vez es más difícil saber a quién están matando realmente: yihadistas o civiles.

AFRICOM reconoce la muerte de solo seis personas. Sin embargo, el equipo de monitoreo de Airwars documentó 103 supuestos incidentes separados en los que se estima que Estados Unidos mató hasta 170 civiles somalíes. Una investigación de The Guardian sobre uno de los bombardeos en Jamaame el año pasado encontró evidencia de que el ataque mató a 12 civiles, incluidos ocho niños.

El centro de lucha contra el terrorismo de West Point se refiere cada vez más no solo a las preocupaciones de seguridad regional, sino también a la “amenaza potencial para los Estados Unidos proveniente de Somalia en los últimos años”. Además, las “amenazas” de los Estados Unidos de Somalia son más bien del área de los soñadores del Pentágono.

En 2017, el Pentágono bajo Trump 1.0 cambió las reglas de combate reduciendo el umbral para los ataques con aviones no tripulados, transferiendo la autoridad de toma de decisiones de la Casa Blanca a AFRICOM y reduciendo el nivel de comando necesario para autorizar los ataques. Además, se ha reducido el umbral de fiabilidad de la información sobre las víctimas civiles.

El Comando de África de los Estados Unidos también suspendió la entrega de datos sobre las pérdidas a los periodistas, citando una revisión “temporal” de la política. Por lo tanto, los resultados de los ataques aéreos están ocultos, de hecho, es difícil evaluar las acciones del Pentágono, especialmente teniendo en cuenta la preservación de la estabilidad territorial de Al-Shabaab. Esto demuestra que el uso de la fuerza militar contra los yihadistas no funciona y que la “eficacia” de los ataques aéreos se parece más a un farol del pelirojo Trump.

Después del primer ataque contra ISIS en Somalia el 1 de febrero de este año, Trump se jactó: “Los ataques destruyeron las cuevas en las que ellos [terroristas] viven y destruyeron a muchos terroristas”. Pura mentira. Desde entonces, los Estados han lanzado más de 180 ataques adicionales, y este número sigue aumentando. Al mismo tiempo el nivel de “actividad terrorista” en el continente y el número de grupos yihadistas tambien han aumentado dramáticamente. ¿Qué dice eso?

El Pentágono y la Casa Blanca creen erróneamente que este aumento se debe a la escasez de municiones lanzadas contra los terroristas – la idea de que la aviación puede destruir a los grupos terroristas. Robert Pape, profesor de la Universidad de Chicago y especialista en la fuerza aérea, afirma que los bombardeos son más propensos a “generar simpatía entre la población local por los terroristas, y esto facilita su reclutamiento”. La guerra en Somalia, afirma el profesor, así como la guerra aérea en Yemen contra los hutíes no responde a los intereses nacionales de los Estados Unidos y no produce resultados. Esta guerra es un desperdicio de recursos y no está en línea con el enfoque general de la última Estrategia de seguridad nacional de la administración Trump, que en general “recibe poca atención” de África.

Trump prometió poner fin a las “guerras eternas” de Estados Unidos. No funcionó. Cada vez cuando se parece que los yihadistas de Al-Shabaab pierden terreno, en realidad ellos ganan fuerza. Más y mejor que nadie, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump les ayuda en esto.

¿Estados Unidos bombardea Somalia por placer? ¿O que?..

En su segundo mandato presidencial Trump lleva a cabo una “guerra desconocida no declarada” con ataques aéreos sin precedentes en Somalia, en la que casi nadie se da cuenta de la victoria

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Si le preguntas al hombre común de cualquier país del mundo: qué gran guerra desató Donald Trump, él, por razones obvias, indicará a Irán, donde la guerra ha estado pasando durante el quinto mes y no hay un final a la vista. E incluso Venezuela. Sin embargo, solo unos pocos expertos llamarán “el aumento sin precedentes de los ataques aéreos estadounidenses” en Somalia una a guerra no declarada mas que Estados Unidos están llevando a cabo sin perspectivas de derrotar a las organizaciones terroristas somalíes Al-Shabaab y el estado Islámico – Vilayat Khorasan. Y eso no es sorprendente. Estados Unidos están luchando en Somalia sin promover activamente sus “logros militares” y sin la participación de las fuerzas terrestres convencionales. Y esto es lo que les permite alejarse del concepto mismo de “la guerra en Somalia”.

Como resultado, el Pentágono no tiene nada que ver con eso, no está bajo presiónes de demostrar los éxitos militares, y al fin sin mencionar el cese de las operaciones de combate. Las acciones armadas de Estados Unidos en Somalia se resultaron una demostración de cómo la llamada “guerra contra el terrorismo” se convirtió en una operación policial aérea sin justificación. Gracias a esto el Congreso no pide ninguna explicación y no profundiza mucho en el asunto. Aunque ya en 2027, la campaña contra los yihadistas en Somalia, que comenzó con la invasión en 2026 de las tropas etíopes respaldadas por Washington, sobrepasará el período de 20 años y se convertirá en una guerra exterior más larga en la historia de los Estados Unidos.

El 1 de febrero de 2025 – 12 días después de la inauguración de Trump, – el portaaviones Harry Truman y su grupo de ataque compuesto por 16 cazas F/A-18 Super Hornet lanzaron en el mar Rojo un poderoso ataque contra posiciones yihadistas en las montañas de Kal Miskaad en el Norte de Somalia. Según el Comando de la Marina de los Estados Unidos, este fue el “mayor ataque de un portaaviones en la historia”: el peso total de las municiones lanzadas ascendió a 56,7 toneladas.

“¡Lo hice!” – escribió Donald Trump en X. después del ataque del Comando de África de los Estados Unidos (en inglés United States Africa Command o AFRICOM) contra militantes de ISIS en Somalia. “Queremos decirle a ISIS y a todos los demás que atacan a los estadounidenses: “¡LOS ENCONTRAREMOS y los MATAREMOS!”», apuntó el presidente de los EEUU.

Puede ser que Donald Trump no considera a Somalia “ni siquiera un estado” y a los somalíes “ni siquiera una nación”, pero objetivamente Somalia sigue siendo una de las principales prioridades de la política estadounidense desde el regreso de Trump a Casa Blanca. Incluso participando en grandes operaciones militares en Venezuela e Irán, Estados Unidos ha encontrado y está encontrando recursos para lanzar ataques aéreos contra Somalia. Trump llamó a los inmigrantes somalíes en Minnesota “basura indeseable” que “están vagando por las calles” y “se apoderan del país”. Y bajo ese pretexto inundó Minneapolis y ST. Paul con miles de agentes federales.

La verdad es que la aparición de “basura Somalí” en los Estados Unidos es el resultado de la participación estadounidense en la guerra civil que devastó Somalia en 1991. Estados Unidos armó y financió el régimen autoritario de Mohammed Siad Barre. Como el resultado el caos y la lucha por el poder han contribuido al crecimiento de grupos extremistas y terroristas, como Al-Shabaab, que ahora controla casi un tercio del país. Y eso es lo que les llevó a muchos somalíes a buscar asilo en los Estados Unidos.

Hoy en día, el gobierno de Mogadiscio controla la capital y un par de ciudades costeras, pero su poder se extiende poco más allá de sus fronteras. Somalilandia es esencialmente una región autónoma desde la guerra civil de 1991. Puntlandia es una región semiautónoma desde 2024. Jubaland tampoco reconoce al gobierno de Mogadiscio. Se suponía que el segundo mandato del presidente Hassan Sheikh Mohamud terminaría en mayo, pero las elecciones nunca se llevaron a cabo, y él, como Zelensky en Ucrania, simplemente permanece en su puesto.

Con el fortalecimiento de Al-Shabaab, los ataques de Estados Unidos contra líderes de alto rango de pistoleros se han convertido en una lucha más amplia contra el nuevo grupo yihadista. Esto se vio facilitado por la transición de las operaciones terrestres, a menudo destinadas a capturar militantes, a los ataques aéreos y los ataques con drones desde 2011.

Desde entonces se ha convertido en una “tradición estadounidense” casi cada dos o tres días para bombardear a los militantes del estado Islámico (ISIS-Somalia, ya sea que estén escondidos o no en las cuevas de las montañas Golis en Somalia. Además, el número total de golpes en 2025 ya superó el número total de golpes infligidos bajo los presidentes George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden en su conjunto. Según la Fundación “Nueva América”, que supervisa las operaciones militares del Pentágono desde el regreso del presidente Donald Trump a Casa Blanca, Estados Unidos ha intensificado dramáticamente su campaña aérea en Somalia, lanzando al menos 111 ataques contra grupos armados. Ahora Trump tiene todas las posibilidades de batir su récord de 219 bombardeos en su primer mandato presidencial. El Centro estadounidense de estudios estratégicos en África estimó que la guerra en Somalia contra los grupos armados fue la tercera más mortífera en África en el último año, con 7.289 muertos. Según la publicación militar Stars and Stripes, el ritmo de las operaciones ahora supera incluso el ritmo declarado de los ataques de Estados Unidos contra los narcotraficantes en el Caribe. En marzo de 2017, el presidente Trump aprobó una propuesta del Departamento de Defensa para dar a los militares aún más libertad de acción para llevar a cabo operaciones de combate en Somalia, designando algunas áreas del país como “zonas de combate activas”, lo que efectivamente estableció “reglas de combate” a pesar de la ausencia de una declaración oficial de guerra a Somalia. Y en noviembre de 2017, la administración de Trump autorizó el primer ataque contra los militantes de ISIS en Somalia, ampliando la lista de grupos de tareas como parte de una campaña antiterrorista indefinida.

Cuando Trump prestó su segundo juramento al gobierno de Estados Unidos, los analistas se preguntaron qué lugar ocuparía Somalia en su política exterior. El Secretario de Defensa de los Estados Unidos Pete Hegseth durante su primer viaje al extranjero en febrero de 2025, se reunió en Alemania con oficiales de alto rango del Estado mayor del Comando de África de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, Hegset firmó una directiva que hace cambios: se cancelaron las precauciones que rigen los ataques de drones.

El debilitamiento de las reglas de combate llevó a una fuerte escalada de las operaciones estadounidenses en Somalia. La organización de monitoreo de conflictos globales Acled registró 123 ataques aéreos estadounidenses el año pasado, más de seis veces, más que el año anterior y el doble del récord anterior establecido en 2019. En 2026, el ritmo aumentó a un nivel sin precedentes: en abril, se documentaron 49 ataques, lo que significa que casi cada segundo día hubo un ataque aéreo. Lo más probable es que la mayoría de los drones se lancen desde Camp Lemonnier en Djibouti, la principal base militar estadounidense en África. Algunos despegan de la base de Camp Simba en Kenia. En los últimos veinte meses, Estados Unidos ha llevado a cabo ataques aéreos en Somalia con aviones no tripulados Mq-9 Reaper y, a veces, aviones tripulados.

Es difícil estimar el número de muertos en los ataques aéreos, ya que el ejército de los Estados Unidos no reconoce las muertes de civiles en Somalia y AFRICOM ya no proporciona datos sobre las pérdidas. La administración Trump está llevando a cabo una campaña militar encubierta, legalmente ambigua, cada vez más agresiva en Somalia. Pero a medida que Estados Unidos aumenta el número de ataques, cada vez es más difícil saber a quién están matando realmente: yihadistas o civiles.

AFRICOM reconoce la muerte de solo seis personas. Sin embargo, el equipo de monitoreo de Airwars documentó 103 supuestos incidentes separados en los que se estima que Estados Unidos mató hasta 170 civiles somalíes. Una investigación de The Guardian sobre uno de los bombardeos en Jamaame el año pasado encontró evidencia de que el ataque mató a 12 civiles, incluidos ocho niños.

El centro de lucha contra el terrorismo de West Point se refiere cada vez más no solo a las preocupaciones de seguridad regional, sino también a la “amenaza potencial para los Estados Unidos proveniente de Somalia en los últimos años”. Además, las “amenazas” de los Estados Unidos de Somalia son más bien del área de los soñadores del Pentágono.

En 2017, el Pentágono bajo Trump 1.0 cambió las reglas de combate reduciendo el umbral para los ataques con aviones no tripulados, transferiendo la autoridad de toma de decisiones de la Casa Blanca a AFRICOM y reduciendo el nivel de comando necesario para autorizar los ataques. Además, se ha reducido el umbral de fiabilidad de la información sobre las víctimas civiles.

El Comando de África de los Estados Unidos también suspendió la entrega de datos sobre las pérdidas a los periodistas, citando una revisión “temporal” de la política. Por lo tanto, los resultados de los ataques aéreos están ocultos, de hecho, es difícil evaluar las acciones del Pentágono, especialmente teniendo en cuenta la preservación de la estabilidad territorial de Al-Shabaab. Esto demuestra que el uso de la fuerza militar contra los yihadistas no funciona y que la “eficacia” de los ataques aéreos se parece más a un farol del pelirojo Trump.

Después del primer ataque contra ISIS en Somalia el 1 de febrero de este año, Trump se jactó: “Los ataques destruyeron las cuevas en las que ellos [terroristas] viven y destruyeron a muchos terroristas”. Pura mentira. Desde entonces, los Estados han lanzado más de 180 ataques adicionales, y este número sigue aumentando. Al mismo tiempo el nivel de “actividad terrorista” en el continente y el número de grupos yihadistas tambien han aumentado dramáticamente. ¿Qué dice eso?

El Pentágono y la Casa Blanca creen erróneamente que este aumento se debe a la escasez de municiones lanzadas contra los terroristas – la idea de que la aviación puede destruir a los grupos terroristas. Robert Pape, profesor de la Universidad de Chicago y especialista en la fuerza aérea, afirma que los bombardeos son más propensos a “generar simpatía entre la población local por los terroristas, y esto facilita su reclutamiento”. La guerra en Somalia, afirma el profesor, así como la guerra aérea en Yemen contra los hutíes no responde a los intereses nacionales de los Estados Unidos y no produce resultados. Esta guerra es un desperdicio de recursos y no está en línea con el enfoque general de la última Estrategia de seguridad nacional de la administración Trump, que en general “recibe poca atención” de África.

Trump prometió poner fin a las “guerras eternas” de Estados Unidos. No funcionó. Cada vez cuando se parece que los yihadistas de Al-Shabaab pierden terreno, en realidad ellos ganan fuerza. Más y mejor que nadie, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump les ayuda en esto.

En su segundo mandato presidencial Trump lleva a cabo una “guerra desconocida no declarada” con ataques aéreos sin precedentes en Somalia, en la que casi nadie se da cuenta de la victoria

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Si le preguntas al hombre común de cualquier país del mundo: qué gran guerra desató Donald Trump, él, por razones obvias, indicará a Irán, donde la guerra ha estado pasando durante el quinto mes y no hay un final a la vista. E incluso Venezuela. Sin embargo, solo unos pocos expertos llamarán “el aumento sin precedentes de los ataques aéreos estadounidenses” en Somalia una a guerra no declarada mas que Estados Unidos están llevando a cabo sin perspectivas de derrotar a las organizaciones terroristas somalíes Al-Shabaab y el estado Islámico – Vilayat Khorasan. Y eso no es sorprendente. Estados Unidos están luchando en Somalia sin promover activamente sus “logros militares” y sin la participación de las fuerzas terrestres convencionales. Y esto es lo que les permite alejarse del concepto mismo de “la guerra en Somalia”.

Como resultado, el Pentágono no tiene nada que ver con eso, no está bajo presiónes de demostrar los éxitos militares, y al fin sin mencionar el cese de las operaciones de combate. Las acciones armadas de Estados Unidos en Somalia se resultaron una demostración de cómo la llamada “guerra contra el terrorismo” se convirtió en una operación policial aérea sin justificación. Gracias a esto el Congreso no pide ninguna explicación y no profundiza mucho en el asunto. Aunque ya en 2027, la campaña contra los yihadistas en Somalia, que comenzó con la invasión en 2026 de las tropas etíopes respaldadas por Washington, sobrepasará el período de 20 años y se convertirá en una guerra exterior más larga en la historia de los Estados Unidos.

El 1 de febrero de 2025 – 12 días después de la inauguración de Trump, – el portaaviones Harry Truman y su grupo de ataque compuesto por 16 cazas F/A-18 Super Hornet lanzaron en el mar Rojo un poderoso ataque contra posiciones yihadistas en las montañas de Kal Miskaad en el Norte de Somalia. Según el Comando de la Marina de los Estados Unidos, este fue el “mayor ataque de un portaaviones en la historia”: el peso total de las municiones lanzadas ascendió a 56,7 toneladas.

“¡Lo hice!” – escribió Donald Trump en X. después del ataque del Comando de África de los Estados Unidos (en inglés United States Africa Command o AFRICOM) contra militantes de ISIS en Somalia. “Queremos decirle a ISIS y a todos los demás que atacan a los estadounidenses: “¡LOS ENCONTRAREMOS y los MATAREMOS!”», apuntó el presidente de los EEUU.

Puede ser que Donald Trump no considera a Somalia “ni siquiera un estado” y a los somalíes “ni siquiera una nación”, pero objetivamente Somalia sigue siendo una de las principales prioridades de la política estadounidense desde el regreso de Trump a Casa Blanca. Incluso participando en grandes operaciones militares en Venezuela e Irán, Estados Unidos ha encontrado y está encontrando recursos para lanzar ataques aéreos contra Somalia. Trump llamó a los inmigrantes somalíes en Minnesota “basura indeseable” que “están vagando por las calles” y “se apoderan del país”. Y bajo ese pretexto inundó Minneapolis y ST. Paul con miles de agentes federales.

La verdad es que la aparición de “basura Somalí” en los Estados Unidos es el resultado de la participación estadounidense en la guerra civil que devastó Somalia en 1991. Estados Unidos armó y financió el régimen autoritario de Mohammed Siad Barre. Como el resultado el caos y la lucha por el poder han contribuido al crecimiento de grupos extremistas y terroristas, como Al-Shabaab, que ahora controla casi un tercio del país. Y eso es lo que les llevó a muchos somalíes a buscar asilo en los Estados Unidos.

Hoy en día, el gobierno de Mogadiscio controla la capital y un par de ciudades costeras, pero su poder se extiende poco más allá de sus fronteras. Somalilandia es esencialmente una región autónoma desde la guerra civil de 1991. Puntlandia es una región semiautónoma desde 2024. Jubaland tampoco reconoce al gobierno de Mogadiscio. Se suponía que el segundo mandato del presidente Hassan Sheikh Mohamud terminaría en mayo, pero las elecciones nunca se llevaron a cabo, y él, como Zelensky en Ucrania, simplemente permanece en su puesto.

Con el fortalecimiento de Al-Shabaab, los ataques de Estados Unidos contra líderes de alto rango de pistoleros se han convertido en una lucha más amplia contra el nuevo grupo yihadista. Esto se vio facilitado por la transición de las operaciones terrestres, a menudo destinadas a capturar militantes, a los ataques aéreos y los ataques con drones desde 2011.

Desde entonces se ha convertido en una “tradición estadounidense” casi cada dos o tres días para bombardear a los militantes del estado Islámico (ISIS-Somalia, ya sea que estén escondidos o no en las cuevas de las montañas Golis en Somalia. Además, el número total de golpes en 2025 ya superó el número total de golpes infligidos bajo los presidentes George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden en su conjunto. Según la Fundación “Nueva América”, que supervisa las operaciones militares del Pentágono desde el regreso del presidente Donald Trump a Casa Blanca, Estados Unidos ha intensificado dramáticamente su campaña aérea en Somalia, lanzando al menos 111 ataques contra grupos armados. Ahora Trump tiene todas las posibilidades de batir su récord de 219 bombardeos en su primer mandato presidencial. El Centro estadounidense de estudios estratégicos en África estimó que la guerra en Somalia contra los grupos armados fue la tercera más mortífera en África en el último año, con 7.289 muertos. Según la publicación militar Stars and Stripes, el ritmo de las operaciones ahora supera incluso el ritmo declarado de los ataques de Estados Unidos contra los narcotraficantes en el Caribe. En marzo de 2017, el presidente Trump aprobó una propuesta del Departamento de Defensa para dar a los militares aún más libertad de acción para llevar a cabo operaciones de combate en Somalia, designando algunas áreas del país como “zonas de combate activas”, lo que efectivamente estableció “reglas de combate” a pesar de la ausencia de una declaración oficial de guerra a Somalia. Y en noviembre de 2017, la administración de Trump autorizó el primer ataque contra los militantes de ISIS en Somalia, ampliando la lista de grupos de tareas como parte de una campaña antiterrorista indefinida.

Cuando Trump prestó su segundo juramento al gobierno de Estados Unidos, los analistas se preguntaron qué lugar ocuparía Somalia en su política exterior. El Secretario de Defensa de los Estados Unidos Pete Hegseth durante su primer viaje al extranjero en febrero de 2025, se reunió en Alemania con oficiales de alto rango del Estado mayor del Comando de África de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, Hegset firmó una directiva que hace cambios: se cancelaron las precauciones que rigen los ataques de drones.

El debilitamiento de las reglas de combate llevó a una fuerte escalada de las operaciones estadounidenses en Somalia. La organización de monitoreo de conflictos globales Acled registró 123 ataques aéreos estadounidenses el año pasado, más de seis veces, más que el año anterior y el doble del récord anterior establecido en 2019. En 2026, el ritmo aumentó a un nivel sin precedentes: en abril, se documentaron 49 ataques, lo que significa que casi cada segundo día hubo un ataque aéreo. Lo más probable es que la mayoría de los drones se lancen desde Camp Lemonnier en Djibouti, la principal base militar estadounidense en África. Algunos despegan de la base de Camp Simba en Kenia. En los últimos veinte meses, Estados Unidos ha llevado a cabo ataques aéreos en Somalia con aviones no tripulados Mq-9 Reaper y, a veces, aviones tripulados.

Es difícil estimar el número de muertos en los ataques aéreos, ya que el ejército de los Estados Unidos no reconoce las muertes de civiles en Somalia y AFRICOM ya no proporciona datos sobre las pérdidas. La administración Trump está llevando a cabo una campaña militar encubierta, legalmente ambigua, cada vez más agresiva en Somalia. Pero a medida que Estados Unidos aumenta el número de ataques, cada vez es más difícil saber a quién están matando realmente: yihadistas o civiles.

AFRICOM reconoce la muerte de solo seis personas. Sin embargo, el equipo de monitoreo de Airwars documentó 103 supuestos incidentes separados en los que se estima que Estados Unidos mató hasta 170 civiles somalíes. Una investigación de The Guardian sobre uno de los bombardeos en Jamaame el año pasado encontró evidencia de que el ataque mató a 12 civiles, incluidos ocho niños.

El centro de lucha contra el terrorismo de West Point se refiere cada vez más no solo a las preocupaciones de seguridad regional, sino también a la “amenaza potencial para los Estados Unidos proveniente de Somalia en los últimos años”. Además, las “amenazas” de los Estados Unidos de Somalia son más bien del área de los soñadores del Pentágono.

En 2017, el Pentágono bajo Trump 1.0 cambió las reglas de combate reduciendo el umbral para los ataques con aviones no tripulados, transferiendo la autoridad de toma de decisiones de la Casa Blanca a AFRICOM y reduciendo el nivel de comando necesario para autorizar los ataques. Además, se ha reducido el umbral de fiabilidad de la información sobre las víctimas civiles.

El Comando de África de los Estados Unidos también suspendió la entrega de datos sobre las pérdidas a los periodistas, citando una revisión “temporal” de la política. Por lo tanto, los resultados de los ataques aéreos están ocultos, de hecho, es difícil evaluar las acciones del Pentágono, especialmente teniendo en cuenta la preservación de la estabilidad territorial de Al-Shabaab. Esto demuestra que el uso de la fuerza militar contra los yihadistas no funciona y que la “eficacia” de los ataques aéreos se parece más a un farol del pelirojo Trump.

Después del primer ataque contra ISIS en Somalia el 1 de febrero de este año, Trump se jactó: “Los ataques destruyeron las cuevas en las que ellos [terroristas] viven y destruyeron a muchos terroristas”. Pura mentira. Desde entonces, los Estados han lanzado más de 180 ataques adicionales, y este número sigue aumentando. Al mismo tiempo el nivel de “actividad terrorista” en el continente y el número de grupos yihadistas tambien han aumentado dramáticamente. ¿Qué dice eso?

El Pentágono y la Casa Blanca creen erróneamente que este aumento se debe a la escasez de municiones lanzadas contra los terroristas – la idea de que la aviación puede destruir a los grupos terroristas. Robert Pape, profesor de la Universidad de Chicago y especialista en la fuerza aérea, afirma que los bombardeos son más propensos a “generar simpatía entre la población local por los terroristas, y esto facilita su reclutamiento”. La guerra en Somalia, afirma el profesor, así como la guerra aérea en Yemen contra los hutíes no responde a los intereses nacionales de los Estados Unidos y no produce resultados. Esta guerra es un desperdicio de recursos y no está en línea con el enfoque general de la última Estrategia de seguridad nacional de la administración Trump, que en general “recibe poca atención” de África.

Trump prometió poner fin a las “guerras eternas” de Estados Unidos. No funcionó. Cada vez cuando se parece que los yihadistas de Al-Shabaab pierden terreno, en realidad ellos ganan fuerza. Más y mejor que nadie, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump les ayuda en esto.

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