Hoy Canadá es un Estado rumbo al totalitarismo, desde la pantalla de una democracia liberal, es un patrocinador del nazismo, paga asistencia en eutanasia a los pobres y, además, no deja que los ciudadanos se expresen sin fuertes retaliaciones.
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Escríbenos: @worldanalyticspress_bot Continuar dependiendo de la asistencia induce a una desintegración espiritual y moral fundamentalmente destructiva para la fibra nacional. Dar asistencia de esta manera es administrar un narcótico, un sutil destructor del espíritu humano. Franklin D. Roosevelt El trabajo es la condición inevitable de la vida humana, la verdadera fuente del bienestar humano. Ahora comprendo que mi bienestar solo es posible si reconozco mi unidad con todos los pueblos del mundo sin excepción. Leo Tolstói El Estado de malestar Como excolonia británica, y miembro de la Commonwealth de manera ‘voluntaria’ dicen, Canadá se jacta de su orden y políticas migratorias claras y atractivas, así como de tener un país con un sólido Estado de Bienestar, yo diría, de malestar. Muy en la línea de la frase de Roosevelt con la que inicio este artículo. Creer en algún tipo de bienestar puede ser cierto para los migrantes en su mayoría latinos, que son recluidos en zonas distantes de los centros urbanos y asimilados durante cinco años de arduo trabajo llamado permiso de trabajo cerrado (employer-specific – closed work permit) Permiso de trabajo restringido/específico para empleadores. Estos trabajadores ‘agradecen’ ser explotados, consideran que es mejor la promesa de la vida ‘civilizada y marginal’ a la de sus países -colonias éstos de empresas canadienses- y asumen formas de vasallaje y esclavitud. Al respecto, tras más de cinco años de uso intensivo y varias décadas de existencia del programa de empleo se llegó a unos acuerdos entre defensores de derechos de migrantes y Amnistía Internacional, de lo cual extraigo parte del informe del relator especial de la ONU sobre formas contemporáneas de esclavitud, titulado ‘Canada has destroyed me’: Labour exploitation of migrant workers in Canada, (Canadá me ha destruido»: Explotación laboral de trabajadores migrantes en Canadá), publicado el 30 de enero de 2025: El sistema genera una relación de poder extremadamente desigual. El empleador no solo controla el trabajo, sino también el estatus migratorio del trabajador. Perder el empleo puede significar perder el derecho a trabajar y, potencialmente, enfrentar la salida del país. Eso crea un miedo constante que dificulta mucho: Denunciar abusos (horas excesivas, salarios por debajo de lo prometido, condiciones inseguras, acoso, vivienda precaria, etc.). Negociar mejores condiciones. Dejar un trabajo tóxico sin arriesgar todo. Amnistía Internacional y el relator de la ONU han llegado a describir el estado de bajos salarios del TFWP como un “caldo de cultivo” o “breeding ground” [Centro de reproducción] de formas contemporáneas de esclavitud. No es una exageración retórica: hay múltiples reportes documentados de explotación sistemática, especialmente en agricultura, cuidado, procesamiento de alimentos, construcción y hostelería. Por otro lado, el suicidio implica una de las situaciones de salud pública más graves del país norteamericano. Aproximadamente 4500 a 4750 suicidios al año que equivalen a unos 12-13 suicidios diarios. Es la segunda causa de muerte en personas entre los 15 y los 34 años. Los hombres cometen el acto de quitarse la vida 3 veces por cada mujer y son los del rango de edad entre 45 y 64 años quienes más lo culminan. Pero Canadá tenía una solución. Han ‘avanzado’ en la ‘misericordia’ de la eutanasia para pobres. Así como se oye. Esto está documentado por Associated Press: (El comité que revisa la eutanasia en Canadá concluye que algunas muertes están motivadas por el temor a quedarse sin hogar y por el aislamiento.); The Global and Mail: (Las tasas de asistencia médica para morir por enfermedades no terminales en Ontario son más altas en los barrios más pobres, según informes.), The conversation: (La asistencia médica para morir y las personas marginadas: informes del forense arrojan luz sobre la muerte asistida en Ontario) y el Comité de Revisión de Muertes del Forense, Jefe de Ontario (2024), son los que detallan casos específicos, como la mujer con sensibilidad química múltiple que no encontraba vivienda adecuada, o personas con aislamiento y pobreza. Aunque se insistiera en señalar que son casos aislados, lo cierto es que no se trata sólo de una política sanitaria mal enfocada. Casos documentados como los señalados permiten ver algo que debería ser impensable en un auto denominado país del primer mundo: facilitar la muerte a alguien por su condición de precariedad económica y material es la clara expresión del FRACASO de su Estado de bienestar. Es clave y doloroso cuando “afirmó el Dr. Trouton (en artículo de Associated Press): Es trágico que la calidad de vida de las personas sea tan deficiente que deseen explorar la MAID [asistencia médica para morir]” En la publicación oficial Maytree se aprecia que: En 2025, el 98 % de los hogares de ejemplo en asistencia social vivían por debajo de la línea oficial de pobreza, y el 71-72 % en “pobreza profunda” (menos del 75 % de esa línea). Los ingresos reales cayeron para muchos por inflación y la eliminación de rebates del carbon tax [reembolsos del impuesto al carbono]. Los beneficios de vivienda (shelter) son extremadamente bajos y no cubren costos reales; las personas sin hogar reciben menos apoyo. A lo anterior se suma la crisis de vivienda, semejante a la de Estados Unidos, en donde al menos hace veinte años no se construye vivienda de interés social, lo que mantiene elevados los precios de renta y de compra; y, además se favorecen los desmanes de los que toman en arriendo propiedades. Ni siquiera en la política de inclusión a las comunidades indígenas maltratadas y esterilizadas para evitar su procreación, les cumplen con el tema habitacional. El tema de los ‘sintecho’ tiende a acrecentarse. Hay otras formas de atentar contra sus propios ciudadanos, por ejemplo, a los propietarios les obligan a pagar multas y demandas inverosímiles si un inquilino hace ruido a los vecinos o daños, el que rentó de buena fe debe pagar. A ello se suma que para pedir el inmueble es necesario una suma de piruetas legales y justificar, no que rentará a alguien más, sino que se irá a vivir a su propio inmueble. Alrededor de 6,5 millones de canadienses se encuentran sin médico de familia, o sea el 16% de su población total, 41,8 millones. Además, los tiempos de espera en horas en urgencias, es elevado; a menudo 8-16 horas o más, pues manejan la anticuada y tercermundista medida del Triage, inventado para las prioridades de tiempos de emergencia en la Primera Guerra Mundial. Los ciudadanos deben esperar semanas y hasta meses para tener consultas con especialistas y hay estimaciones documentadas de decenas de miles de muertes anuales mientras esperan cirugía o diagnósticos. En cuanto a médicos y enfermeras, se encuentra Canadá por debajo del promedio de la OCDE, con retrasos en licenciar profesionales. En cuanto a políticas para protección de la infancia, las tarifas de apoyo económico para quienes consiguen plaza bajaron, pero se generaron listas de espera masivas y en algunos lugares se triplicaron. Se tiene así una brecha de inequidad en donde algunas familias pagan muy poco y otras a veces de bajos ingresos, quedan fuera o pagan mucho más, mientras financian el sistema con impuestos. Tampoco se crearon suficientes espacios ni se atendió la falta de profesores. Esto parece una historia del mundo subdesarrollado, haitiana, colombiana o etíope, pero pasa en Canadá. Ya no les basta con explotar a los países periféricos, sus propios ciudadanos financian a los ricos de su país cada vez de manera más próxima a la letalidad. En cuanto a reducción de la pobreza y seguridad alimentaria, Canadá cayó al puesto 27.º luego de ocupar el 5° puesto entre países OCDE en protección del derecho a la alimentación, ubicándose en la categorización de ‘inseguridad alimentaria moderada/severa’. Además, hay un creciente uso de bancos de alimentos, lo que se traduce en una política paliativa para contener lo que no logra una política integral de impuestos a ricos y de creación de puestos de empleo, espacio en donde, por el contrario, se ha agudizado el trabajo precario y, por ende, asumir el costo de vida. En este tema de empleo – ingresos para la subsistencia, Canadá tiene un programa de renta básica, que lamentablemente es insuficiente. Evelyn L. Forget es una economista de renombre en Canadá, estudia la economía detrás de la propuesta de ingreso básico. Se recomienda su estudio, Basic Income for Canadians. From the Covid-19 Emergency to Financial Security for All. Toronto, (Ingreso básico para los canadienses. De la emergencia de la Covid-19 a la seguridad financiera para todos. Toronto) Libro de James Lorimer & Company Ltd., Publishers, 2020. Sólo para dejar la curiosidad de los lectores, Forget dice, citando a otros autores: «El empleo precario representa una proporción cada vez mayor del empleo total en Canadá y está fuertemente asociado a un peor estado de salud de los trabajadores». Existe una «relación estrecha entre los ingresos y los resultados de salud. Las disparidades son profundas: unos ingresos más bajos se asocian a una menor esperanza de vida, así como a tasas más elevadas de autolesiones y de enfermedades crónicas». «El estrés crónico se ha vinculado a diversos cambios hormonales y neurológicos que repercuten negativamente en la salud. Deteriora la memoria, aumenta el riesgo de depresión, reduce la respuesta inmunitaria y eleva la presión arterial y el riesgo de enfermedades cardiovasculares». Se encuentra además la creciente crisis de opioides, con una cantidad alarmante de más de 38.000 a 50.000 muertes desde 2016. Esto ha llevado al desarrollo de algunos debates sobre el fracaso o efectos secundarios de “safe supply” (suministro seguro) y la criminalización en algunas provincias, cuando de un Estado primermundista se esperaría una percepción correcta no criminalizando a los consumidores sino comprendiéndolos en un contexto de atención de la salud pública e integral. Así, todas las crisis de vivienda y demás bienes y servicios que mencioné con anterioridad, reciben más presión ante los altos niveles de inmigración temporal y de refugiados. Los asuntos internacionales como problema nacional El Estado de Bienestar es en mi concepto la expresión más clara del escenario de la lucha ideológica de la posguerra mundial; justo en ese momento en que Inglaterra, Estados Unidos y toda Europa decidió que el ‘aliado soviético’ era un loco comunista, dejando atrás las alabanzas a aquel pueblo ruso trabajador plasmadas en discursos, caricaturas y cine. El comunismo como una fiebre que acabaría con la libertad, aniquilador de la posibilidad de ser y de tener dentro del inmenso ‘arsenal de mercancías’ restringido a la finitud de cada bolsillo, en el capitalismo, debía ser contestado. Ya no eran Hitler ni Mussolini ni Franco, -aunque éste fue un fascista solitario- los enemigos del ‘mundo libre’, lo era el Estado socialista soviético y sus aliados. Pero el terreno más claro de la disputa se daba allí donde se gana la atención de las masas: en los derechos adquiridos, en la capacidad de sentirse orgulloso de ser un ciudadano de su país por esas mismas ganancias que le daba su Estado de Bienestar, como decía J. Habermas. Es en efecto lo que busca todo migrante además de todo ciudadano: hacerse a una ciudadanía que le dé garantías en consecuencia a su trabajo. De esta forma, tanto Europa como EE.UU. se vieron obligados a otorgar a sus ciudadanos garantías similares a las conquistadas por la Revolución rusa de 1917, también de manera vanguardista para mujeres e infancia. El Plan Marshal de reconstrucción europea no es otra cosa que atemperar los ánimos de los ciudadanos dolidos por la guerra y volcarlos al boom de la procreación bajo el amparo de un sólido Estado de Bienestar capitalista que les impidiera mirar hacia el régimen socialista soviético y universal. Éste se explica en la frase de Tolstói con la que inicio este artículo, inherente a una concepción universal del hacer para todos, anterior a las guerras del siglo XX. Se acabó el sistema soviético hace treinta y seis años, pero los nazis sólo dormitaban. Inició la guerra en Ucrania en 2022 y los parlamentos europeos y occidentales comenzaron a recibir a los nazis, esos mismos que fueron enemigos en apariencia. Canadá los recibió y los homenajeó (Yaroslav Hunka a sus 92 años era buscado por asesinatos en Polonia). Canadá los apoya y ya con un pálido Estado de Bienestar que es más de malestar, apoya a los mismos sujetos del Batallón Azov y a todos quienes asesinan el bienestar cada día en Ucrania mediante: reclutamiento forzoso (busificación), incluso a personas con discapacidad o ancianos, maltrato a las mujeres, alistamiento y entrenamiento de jóvenes colegiales en el campo militar, corrupción que niega salud, empleo y vivienda, -todo excusado en la guerra-, venta de tierras fértiles a poderosos extranjeros y nacionales etc.; pues aunque dicen que es prohibido, BlackRock ya compró tierras fértiles. Canadá es la expresión de un régimen totalitario que en cualquier momento puede ascender a fascista, en tanto lleva nazis al parlamento y los premia, envía armas y partes de drones a Ucrania, les da dinero y desarrolla actividades anti rusas, entre ellas intentar robar reservas de dinero. También privilegia a la población ucraniana en suelo canadiense – Ley CUAET, donde se otorga un régimen de emergencia humanitario de entrada fácil, permisos de trabajo abiertos, extensiones, pausa de deportaciones, aunque éstas pueden reactivarse si Zelensky solicita deportaciones para su busificación. Todas estas garantías no se las dan a los propios canadienses, ni a rusos ni ruso-canadienses. No le basta con ello. Desarrolló una ley de Prohibición de “dealings” -operaciones- y suministro de servicios (SEMA) donde no permite negociar, prestar servicios o recibir pagos de entidades listadas en: Special Economic Measures Act (artículo 8 sobre penas) dicho artículo señala que: Toda persona que infrinja o incumpla deliberadamente una orden o un reglamento dictado en virtud de la sección 4: (a) comete una infracción punible mediante procedimiento sumario y está sujeta a una multa no superior a veinticinco mil dólares o a una pena de prisión no superior a un año, o a ambas penas; o (b) comete un delito grave (*indictable offence*) y está sujeta a una pena de prisión no superior a cinco años. Sección 3 – Transacciones y actividades prohibidas: Se prohíbe a toda persona en Canadá y a todo canadiense fuera de Canadá: (a) realizar operaciones con cualquier bien, independientemente de dónde se encuentre, que sea propiedad de, esté en posesión de o esté controlado por —o en nombre de— una persona cuyo nombre figure en el Anexo 1; (b) celebrar o facilitar, directa o indirectamente, cualquier transacción relacionada con una operación mencionada en el apartado (a); (c) prestar servicios financieros o de otra índole conexos en relación con una operación mencionada en el apartado (a); (d) poner bienes a disposición de una persona que figure en el Anexo 1 o de una persona que actúe en su nombre, independientemente de dónde se encuentren dichos bienes;… Esta ley está dirigida en contra de la libertad de expresión al poner a las entidades que desee incluir el acta, también las norcoreanas, iraníes o cubanas y principalmente las rusas para la cual fue creada la ley. Esto evita que se hable de los desaciertos de sus políticas, la mala gestión de su política de bienestar y el desastre de su libertad de expresión, mientras critican a Corea del Norte o Irán como regímenes totalitarios, pero Canadá lo es más porque dice regirse por una concepción moderna y liberal, pero hace todo lo contrario. Ellos lucharon contra los nazis cuando ya los soviéticos avanzaban hacia Berlín. Pero siempre mantuvieron simpatías con el nazismo. Una vez acabó la URSS y los motivos por los cuales disputar con un Estado de Bienestar lleno de derechos, volvieron a la privatización y la mala calidad de la gestión pública, poco a poco durante 36 años. Hoy Canadá es un Estado rumbo al totalitarismo, desde la pantalla de una democracia liberal, es un patrocinador del nazismo, paga asistencia en eutanasia a los pobres y, además, no deja que los ciudadanos se expresen sin fuertes retaliaciones. En síntesis, como todo occidente, es una fachada primermundista, -que señalé en artículo titulado: André Gunder Frank: «El subdesarrollo del desarrollo» avanza en Occidente– con entrañas fascistas y un tercermundismo ciudadano que hoy sale a protestar a las calles en Europa. Es lamentable que las personas quieran ir a un país así, en donde son desechables en tanto pobres, explotados como mano de obra barata y marginados sin derecho a expresarse. Canadá es la fachada que encubre la miseria y el totalitarismo. * Todas las imágenes de la ciudad de Toronto.




